martes, 19 de marzo de 2013

Un cambio de imagen

La crisis no parece dejar indiferente a nadie, y es que, la  Iglesia católica también ha sufrido estragos recientes de desgaste en la Institución. Este fue uno de los principales motivos por los cuales, ante la sorpresa de todos, el anterior papa Benedicto XVI decidió renunciar a su cargo para dar paso a una figura nueva que reflejara un cambio de imagen del Vaticano y que acabara con las corrupciones y luchas internas por el poder que envuelven a la Institución.

Tras gran expectación, la nueva figura elegida para el cargo la encarnó el argentino Jorge Mario Bergoglio, que inspirándose en San Francisco de Asís (el hombre de la pobreza y de la paz)  eligió el nombre de Francisco para ser nombrado papa.

La preocupación por la orientación que tomará el sucesor de Benedicto XVI es crucial para este intento por renovar la Iglesia y poder así ejercer una verdadera influencia en todos los temas actuales que están surgiendo.

El Sumo Pontífice se caracteriza, no obstante, por ser un papa progresista en lo social y conservador en la doctrina, muy austero y simple en cuanto a gustos y costumbres y el primero perteneciente a la Compañía de Jesús (orden religiosa de la Iglesia católica destacada por su carácter reformista dentro del resto de órdenes) de sus antecesores.

Este intento de cambio que intentó mostrar el papa Francisco desde el primer momento que apareció asomado desde el balcón del Vaticano, bien sea por su vestuario bien por su cercanía  a los fieles, es la de devolver a la Institución aires renovadores que limpien a esta Santa Casa de los escándalos que últimamente le han salpicado.

Aunque la intención parece buena, lo cierto es que a Francisco I, le queda aún mucha tarea por delante para reformar la Institución.


martes, 5 de marzo de 2013

La fiebre de Europa

La ingobernabilidad de Italia tras las elecciones de este año muestran un claro síntoma de la situación que sacude a toda Europa, y muy especialmente a los países mediterráneos.
La aparente incapacidad de los líderes electos para formar Gobierno en Italia ha alarmado a la Comisión Europea que teme que el resto de países de la eurozona sigan su línea y generen mayor inestabilidad en los mercados.
El escenario italiano puede ser, sin duda, un claro indicio de que las recetas de Alemania no han paliado la crisis que sufrimos y que distan mucho de generar crecimiento económico con las ultraliberales reformas que plantean. Ante la austeridad, la confianza de los ciudadanos se ha ido desgastando y ello se ha visto reflejado en las urnas. Por ello, no es de extrañar que nuevos partidos heterodoxos se rebelen contra la casta política de sus países en busca de verdaderas soluciones a la fiebre que sufre Europa.
El debate político está servido y son muchas las voces que alertan de la necesidad de impulsar un nuevo modelo social y económico que devuelva la seguridad en los ciudadanos.











martes, 26 de febrero de 2013

Más que una fecha

El intento de Golpe de Estado el 23 de febrero de 1981 se convirtió en un acontecimiento decisivo no sólo para la consolidación de la monarquía española, sino también para la democracia.

El rey don Juan Carlos de Borbón representó un papel trascendental este día, que recuerda lo poco que faltó para que el sistema se viniera abajo.

Pasados 32 años de esta fecha, el sistema vuelve a desquebrajarse. Esta vez, la disconformidad con el Gobierno no la protagonizan un grupo de militares armados, sino gente de a pie que utiliza sus manos y su voz para defender la democracia que se había garantizado desde aquel día.

Sin embargo, en esta ocasión, no será la Casa Real la que defienda, como hizo entonces, el estado social y democrático de derecho, sino que protagonizará uno de los muchos escándalos que salpican a España.

Confiemos en que, como sucedió ese 23 de febrero, alguien abogue verdaderamente porque se preserve la democracia.









martes, 19 de febrero de 2013

La voz del cambio

Desahucios, desempleo, recortes en educación, sanidad, son sólo algunos de los problemas que cada vez más españoles están sufriendo. El sistema se desquebraja y sin embargo, a los que nos gobiernan, no parece quitarles el sueño.

La sociedad pide a gritos un profundo cambio en todos los órdenes, ya que parece insólito que tras millones de avances tecnológicos, no se pueda hablar del mismo avance en cuanto a mentalidades se refiere. Nos hemos quedado anclados bajo un sistema que manifiestamente no funciona y, a pesar de ello, las únicas medidas que toma nuestro Gobierno son recortes aquí y allá sin atender a razones de peso, sólo a las directrices de Europa. 

Lamentablemente, todo lo que se está recortando constituye los pilares más básicos para el buen funcionamiento de una sociedad. Se pide un ineludible cambio en las instituciones, se necesita devolver a los ciudadanos la confianza en sus dirigentes y, del mismo modo, dejar a un lado las luchas internas de los dos grandes partidos opositores para, juntos, trabajar verdaderamente en poner medidas acordes con las circunstancias y posibilidades del ciudadano, desde una perspectiva social y racional que se ajuste verdaderamente a la realidad que se vive hoy en día en España.  La transparencia en la labor de todas las instituciones representativas es esencial para conseguir dicho fin, así como escuchar las demandas ciudadanas recuperando los valores democráticos.

La sociedad reclama una respuesta urgente e inmediata por parte de nuestros dirigentes políticos que, sin embargo, están muy ocupados resolviendo sus conflictos internos y judiciales y no ven más allá de sus propios intereses.

Esperemos que nuestra voz, resista aun más y sea oída finalmente por ellos.









martes, 12 de febrero de 2013

Con la puerta en las narices

Las reuniones a puerta cerrada se están convirtiendo ya en un ritual a seguir por parte de los poderes del Estado. La politización de las televisiones autonómicas, por otra parte,  tampoco es ninguna novedad y  es que, la manipulación mediática e informativa en la que están inmersos los trabajadores de los medios es cada vez más alarmante.

Lejos de servir como medio de consolidación del proceso democrático, los medios de comunicación, se han convertido actualmente en empresas privadas al servicio del poder político y económico. De este modo, se ha monopolizado el espacio público de intercomunicación e intercambio y  se ha tomado posesión de una poderosa industria de control social.

Sin embargo, parece que hemos olvidado los principios básicos por los que se regían los medios de comunicación, tales como la libertad de expresión o la variedad de fuentes de información, todo ello dentro del marco de interés público del ciudadano.

No sólo los periodistas como nexo de unión entre la sociedad y el Estado deben frenar esta situación, sino también deben ser los propios ciudadanos quienes luchen por mantener un espacio reservado para ellos en el que se materialice la libertad de expresión y de información veraz en todos los ámbitos.  Para ello es esencial la protección legal y legítima a través de normas jurídicas o políticas públicas que garanticen la transparencia del Estado y devuelvan a la marca España el prestigio que actualmente  está perdiendo nacional e internacionalmente.






martes, 5 de febrero de 2013

La monarquía española se tambalea




La abdicación de la reina de Holanda la semana pasada ha abierto el debate social y político acerca de la pervivencia de nuestro modelo de Estado. Y es que, tras los numerosos escándalos que han salpicado a la Casa Real, cada vez son más personas las que se preguntan si es hora de un cambio también para España.

Es evidente que el caso Urdangarín, el accidente de Froilán y la caída de Don Juan Carlos durante su safari en Botsuana, son muestras claras de un desgaste profundo de esta institución que, años atrás, se ganó el respeto y confianza de una nación. Fue durante la época de la Transición Española, en la que la figura del monarca fue esencial para la garantía y el orden de España y es, fundamentalmente por ello, por lo que el papel de jefe de Estado permanece vigente a pesar de su función meramente representativa en la actualidad.

Sin embargo,  nos encontramos en un momento difícil de crisis donde las sensibilidades están a flor de piel y los últimos acontecimientos protagonizados por la Casa Real no hacen más que desprestigiar su imagen. Es innegable que la monarquía se desmorona por sí sola, y España pide un cambio en la forma de gobierno que devuelva la confianza y la credibilidad en las instituciones que la representan.

El futuro del príncipe Felipe está en entredicho, pero lo que es irrefutable es la necesidad de avanzar hacia la institucionalización y transparencia económica de todos los poderes del Estado para fortalecer la democracia.